El Ojo
La hoja de ruta de El Ojo: de una plataforma de transparencia de datos públicos a un protocolo descentralizado de supervisión ciudadana, basado en blockchain y gobernado por su comunidad.
El Ojo ordena, cruza y analiza los datos que publican los Estados de Chile, Colombia, Perú, Uruguay y Argentina, y puede sumar otros países. Reúne presupuesto, compras públicas, lobby, declaraciones de patrimonio e intereses y actividad legislativa, y con ellos genera alertas tempranas tanto sobre el eventual mal uso de los recursos públicos como sobre el cumplimiento presupuestario y la calidad del gasto fiscal.
Todo lo que muestra proviene de fuentes oficiales que los propios Estados publican por mandato legal, y cada cifra se puede rastrear hasta su origen.
El Ojo nació como una iniciativa personal y aspira a convertirse en una infraestructura pública duradera, que no dependa de una sola persona. El whitepaper propone un protocolo en el que cualquier persona pueda publicar hallazgos verificables, es decir, consultas reproducibles sobre versiones fechadas de los datos, que la comunidad pueda comprobar de forma independiente.
Quienes generan esos hallazgos recibirían donaciones directas por su trabajo, sin que El Ojo custodie los fondos. Las versiones de los datos, los hallazgos y sus verificaciones quedarían registrados en una cadena de bloques, y los datos, en almacenamiento permanente, de modo que nadie, tampoco El Ojo, pueda alterarlos ni censurarlos.
La transición ocurre en cinco fases. Se pasa de una a otra cuando se cumplen métricas de adopción real, no según plazos fijos.
Datos y alertas abiertos en las cinco ediciones, hallazgos ciudadanos fuera de la cadena y donaciones para sostener el sitio.
El Ojo recibe donaciones y las dirige a hallazgos específicos, y se publican el código y las bases.
Las donaciones llegan directamente a la billetera de quien generó el hallazgo; El Ojo deja de custodiar fondos.
Las versiones de la base, los hallazgos y sus verificaciones se registran en una cadena de bloques, y verificadores independientes comprueban cada hallazgo.
Los datos pasan a almacenamiento permanente y la tesorería y las decisiones quedan en manos de la comunidad.
Mirar no es acusar. Todo indicador, alerta o hallazgo es un candidato a revisar, nunca una afirmación de irregularidad ni de incumplimiento. El Ojo no formula denuncias: cada hallazgo y su narrativa son responsabilidad de su autor.